¿Recuerdas nuestro primer y único viaje? Aquél cuando abrumados por la rutina y el cansancio decidimos no volver al departamento, sin mayor equipaje que lo que traíamos puesto compramos boletos para escapar de "aquéllos" que nos impedían ser nosotros.
Apenas habíamos tomado el autobus y ya maldecías el no haber escogido algo más cálido que un ligero vestido, entonces trate de arroparte entre mi cuerpo, que si bien no era el mejor abrigo, al menos calmaba un poco la angustia de hallarte con hipotermia en la mañana.
Despertamos en un muelle, con la sonrisa de quienes suponen haber huido de lo que más temían, te tomé por la cintura y te bese en la boca, con esa pasión que sólo pueden tener los enamorados en sus primeras horas de haber sido novios, eras mi ángel y yo tu pobre diablo, un pobre diablo que gastaba sus últimos centavos en lo único que realmente valía la pena.
Y pasamos la tarde compartiendo un tazón de sopa, mirando el cielo, con la única intención de encontrarnos allí, nos quedamos dormidos en una banca del parque, las estrellas caían sobre tu cabellera y ya no pude cerrar los ojos ante el temor de perderme el mejor espectáculo del mundo.