martes, 1 de noviembre de 2011

Errores (Para. H.A.)

Anoche meditaba sobre nosotros, recordé la tranquilidad que tenía al despertar y hallarte a mi lado; tomar tu cabello entre mis dedos para después pasar mi mano sobre tus caderas y observar esa mueca de molestia que mostrabas sin despertar. Entonces pensaba que esto no podía ser, pensaba en la noche de copas y risas, en un escote pronunciado y en tus uñas sobre mi espalda ¿Éramos o simplemente jugábamos? ¿Éramos niños en cuerpos de adultos  o adultos que se empeñaban en ser niños? Cada mañana esté pensamiento me atormentaba.
¿Nos unió el amor? ¿Nos deseábamos mutuamente o simplemente pensábamos en escapar de la soledad que apretaba nuestro corazón? La mujer y el hombre de la noche, quedaban reducidos a un grupo de infantes tímidos con cada amanecer, tan vulnerables y tímidos como para siquiera pensar en lo que había ocurrido tan solo unas horas antes.
Si lo que vivimos fue un error, si puede amarse por equivocación, entonces el amor no importa, no vale, fuimos como él imprudente que construye su casa en el mar (ni siquiera nos tomamos la molestia de acercarnos a la arena), en ese caso, el derrumbe era una consecuencia natural y nunca debió tomarnos por sorpresa.
Dos buenos errores nunca hacen un acierto, unas buenas noches no compensan lo que nunca pudimos pero debimos decir, nos amamos eso siempre fue, pero consciente o inconscientemente pensamos en el fracaso, conocíamos el error pero teníamos una necesidad de seguir con ello, jugamos con el destino y perdimos.
Perdimos por que no pudimos ser suficiente, y aún así siempre desearé equivocarme otra vez contigo.