miércoles, 6 de julio de 2011

El Refugio

Cuando el mundo me lastimo lo construí, cada ladrillo de la estructura me protegía de la crueldad de los otros, lo hice sin ventanas porque me harté de verlos, tan vacíos y torpes, ignorantes de su infelicidad. Hice de ese espacio mi mundo, y cuando llegaste te abrí la puerta cual si fueras una amiga de toda la vida, y dentro creí que seríamos algo, pero nunca fue así, ese lugar nunca te significo nada, como tampoco yo, cuando me di cuenta, el daño estaba hecho, cada pared tenía tu aroma, el piso guardaba las huellas de tus pisadas, ese recinto ya no era mío.
Extravié las llaves para nunca volver a entrar, me arranque los ojos para no hallar más la senda que guiaba a la entrada, y entonces comprendí que aquel espacio antes grato representaba el peor de los infiernos, el simple hecho de recordar tu presencia en lo que antes llamaba mi santuario me llenaba de angustia.
Siempre errante, siempre inseguro y tristemente, siempre enamorado de ti, harto del absurdo presente en tus palabras, ese absurdo materializado en la destrucción de los soportes de mi antes querido espacio, porque ahora no tengo a donde huir, donde quiera que vaya la sombra de tu hipocresía me persigue, y llevo en el cuerpo las llagas provocadas por ese falso "te amo" que solías pronunciar con frecuencia.

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